EL AMAZONAS DESDE LA BORDA

viviendo de la esperanza

viviendo de la esperanza

Dos días antes de zarpar llegamos al muelle a esperar a Nelio Correa, nuestra embarcación de tres pisos encargada de adentrarnos a las achocolatadas aguas del Amazonas. Ubicamos un espacio en el segundo piso para colgar nuestras hamacas y garantizarnos una buena vista hacia el exterior.

una semana en el Barco Nelio Correa
una semana en el Barco Nelio Correa

Poco a poco fueron llegando más viajeros, más familias, más historias… las hamacas multicolores cada vez más juntas nos anunciaban el hacinamiento en que viajaríamos. Y así fue; es difícil calcular la cantidad de personas y personajes que se embarcaron en Belem y en los puertos posteriores; familias enteras que con cuatro generaciones representadas abordaban la embarcación trayendo consigo todo lo que tienen en la vida: sus camas, colchones, cajas de ropa, electrodomésticos y quizás mucha nostalgia de dejarlo todo para buscar nuevas oportunidades en tierras lejanas, tierras amazónicas, tierras extrañas.

Después de que los cargadores colmaron las bodegas y todo el primer piso con toneladas de cebolla, papas, cajas y casas enteras… nuestro Nelio Correa pitó tres veces anunciando la salida con tres horas de atraso; serían las nueve de la noche cuando dejamos puerto firme y nos lanzamos a la suerte del Río Pará.

el límite del espacio
el límite del espacio

abordo y al borde
abordo y al borde

La oscuridad no permitía divisar lo que había en la orilla del río, parecían simplemente sombras que dejábamos atrás, la noche fue larga y fría, pero el movimiento del barco y el incesante sonido de las aguas nos arrullaron hasta dormirnos.

El llanto de los niños nos despertó antes de que despuntara el alba; apenas serían las 5 de la mañana pero la vida en el barco ya se empezaba a agitar. Las madres corrían a bañar a sus hijos, los hombres corrían para servirse café mientras el personal del barco preparaba el desayuno. El barco seguía su curso sobre los canales del Río Pará y allá afuera de la borda también empezaban a dibujarse las historias de personas que viven del río y de lo que este les da.

a la ribera del Pará
a la ribera del Pará

la floresta de los canales
la floresta de los canales

Aquellas sombras que se dibujaban en la noche el sol las develó; eran cientos de árboles y palmeras que adornan las riberas del río; los densos manglares parecen barreras naturales entre las aguas y el bosque; las humildes viviendas de maderas añejas son refugios de familias numerosas que solo viven de los frutos del agua, de algún cultivo y de la buena voluntad de los que viajan en los barcos.

Mientras avanzábamos hacia el Amazonas decenas de pequeñas canoas salían al encuentro del barco; al principio no entendíamos por que lo hacían; cual era el motivo de desafiar el imponente avance del barco con aquellas angostas y frágiles embarcaciones. Vimos como desde el interior del navío lanzaban bolsas plásticas al Río; al principio pensábamos que era basura tirada por algún inconsciente pero luego entendimos que es costumbre que los pasajeros de los barcos lancen ropa y comida para estas familias sin recursos que viven en las orillas.

por la ayuda
por la ayuda

provienen de las entrañas de los canales
provienen de las entrañas de los canales

Salían canoas de todas partes del Río, a veces conducidas por las madres mientras sus pequeños niños hacían equilibrio en el borde para alcanzar la ayuda; otras eran conducidas por niños o niñas que quizás apenas contaban con un dígito de edad. Era increíble ver como parecían provenir de las entrañas de la selva, de su interior remaban con la esperanza de volver con al menos una o dos prendas. Algunos lograban pescar un paquete; otros regresaban sin nada a casa, a esperar que otro barco se acercara.

ventas de camino
ventas de camino

Y mientras la vida en el barco tomaba su ritmo y el tiempo empezaba a correr más despacio, afuera las pequeñas lanchas de remo luchaban contra la corriente para acercarse más hasta lograr con mucha pericia engancharse a la nave. Esa es su forma de ganarse la vida, arriesgándola para poder subir a bordo y vender sus productos –camarones de río y jugos de acaí-, después de nuevo descendían hasta soltar su pequeña canoa y volver a la suerte del río, a la espera de la siguiente embarcación.

Y la necesidad es tal, la pobreza es tal, el hambre es tal que la edad no importa; muchas de estas pequeñas canoas vienen piloteadas por niñas que de lugar de ir a la escuela, pasan el día en las aguas del río procurando vender sus productos y recibir ayudas. Exponiéndose a los peligros y riesgos de subir a embarcaciones comerciales, pesqueras o incluso clandestinas. Jugándose el chance de ser víctimas de traficantes y de abusadores. Nos contaban que justo en el Estado de Pará, y el de Amazonas es donde los índices de tráfico de personas, de órganos y de explotación sexual comercial son mayores. Quizás muchos de estos niños que reman hacia las embarcaciones, no regresan a sus casas pues resultan presas fáciles de los delincuentes y explotadores.

SIENTIENDO EL AMAZONAS

Después de 22 largas y extenuantes horas de navío, el capitán nos comentó que a tan solo 40 minutos estaríamos dejando las aguas del Río Pará para incursionar en las del AMAZONAS… nuestra expectativa aumentó, el corazón palpitaba más fuerte y la emoción nos envolvió. Era de noche, noche sin luna, noche sin luz, pero claramente supimos que ya habíamos entrado en el mundo amazónico… el ambiente cambió por completo, innumerables y extraños insectos empezaron a abordar el barco, el clima caliente y húmedo empezó a sofocarnos y el aire parecía enrarecido y pesado. Una fuerte migraña sacudió la cabeza de Laura y una intensa energía comenzamos a percibir…

amanacer en el Amazonas

amanacer en el Amazonas

la otra orilla del río Amazonas

la otra orilla del río Amazonas

De nuevo vimos salir el sol, pero ahora brillaba con más fuerza, con más intensidad, con más encanto sobre las aguas del Río Amazonas  Empezábamos un nuevo día… el corre corre de las mujeres, el llanto de los niños, los hombres buscando café…y a eso de las diez de la mañana la monotonía surgía. Las mujeres entablaban largas conversaciones entre ellas, abanicándose con alguna prenda de sus hijos mientras se compartían experiencias de vida; los hombres dividían su tiempo entre dormir, conversar o jugar dominó y cartas. Los más jóvenes preferían la estridente música de forro (un tipo de reguetón propio de Brasil), o buscar alguna conquista pasajera. Otros en cambio preferían seguir durmiendo pese al calor y al bullicio. Todos esperando que el reloj marcara las 12 para almorzar arroz, frijol, macarrón, carne y farofa (harina de yuca mezclada con aceite y cocinada a fuego lento), dormir una siesta y esperar que la cocina abra de nuevo sus puertas para vender la cena.

entre hamacas

entre hamacas

jugando naipe y dominó

jugando naipe y dominó

Los días en el barco son muy largos, las horas no avanzan, el reloj parece no tener prisa… a veces el barco navegaba cerca de alguna de las orillas del Río y entonces podíamos ver lo que pasa en ellas. Largas extensiones verdes colmadas de árboles se ven interrumpidas por también largas extensiones de potreros y ganadería. La deforestación y tala ilegal de árboles es evidente e indiscreta… vimos como transportan hacia el Río enormes troncos de árboles que cortaron selva adentro y que entre muchas personas y ayudados de caminos de troncos logran remolcar hasta la orilla para después trasladarlos de forma ilegal y solapada hasta los aserraderos y compradores de esas maderas preciosas. Son cientos de hectáreas deforestadas, cientos de hectáreas inertes y vacías que golpean la vista y el corazón; cientos de especies, de flora y de fauna que muere y se extingue cada vez que un gigante de madera cae al suelo…La tala ilegal lamentablemente es una práctica muy común en la Amazonía, algunos lo hacen para vender sus maderas mientras que otros talan para crear zonas de pastoreo y dedicarse a la ganadería. Pero sea el motivo por el que se haga, sin duda alguna este Pulmón del Mundo está amenazado de muerte… está muriendo poco a poco y con él la vida del Ser Humano… sencillo: sin árboles no hay oxígeno, sin árboles no hay agua y sin agua no hay vida…

un daño irreversible

un daño irreversible

De vez en cuando la monotonía del día se rompía gracias al salto de un delfín juvenil; se les ve de todos los colores, los hay grises, azules y los famosos rosados… tuvimos la oportunidad de verlos en familia, en pareja y en solitario. Son más grandes y más lentos que los de agua salada, pero siempre disfrutan de jugar, saltar y nadar largas distancias. Los patos de cuello negro también comparten las aguas con los delfines y las aves que sobrevuelan en la superficie en procura de pequeños peces.

Por los aires

Por los aires

Raimundo y sus hijos Leandro y Ana Carolina

Raimundo y sus hijos Leandro y Ana Carolina

Y al interior del barco las historias de vida también transcurrían… se comparten tantas horas juntos que la amistad y la hermandad fluyen con rapidez. Ya no solo se sabe quien está en la hamaca de al lado sino que conoces su vida y su realidad. Raimundo, un joven padre de tres hijos está viajando con dos de ellos de vuelta a su natal Boa Vista (frontera con Venezuela). Su matrimonio no dio para más y él se hará cargo de sus dos hijos mayores; Leandro y Ana Carolina. Como no tenía plata para pagar hotel, debió dormir en la estación de autobuses una noche mientras el barco llegaba al puerto para poder embarcarse. Solo tenía dinero para un tiquete y no le alcanzaba para poder comprar los almuerzos ni las cenas que venden en el barco. Acostumbrado a trabajar y a la pobreza, se ofreció a ayudar en la cocina del barco, lavando platos y preparando comidas a cambio de que le dieran gratuitamente la comida y los pasajes de sus hijos; él estaba dispuesto a no comer durante el viaje con tal de que sus hijos si lo hicieran. Pero la amistad se alimenta de solidaridad, entre todos invitábamos a Raimundo a un platillo, a una fruta, a un bocado… al despedirnos de él le felicitamos por su coraje y empeño en sacar adelante a sus adorables hijos y empezar su nueva vida de familia.

Paola, su esposo e hija dejaron su casa en el Estado de Maranhâo para asentarse en Manaos, transferidos por la empresa en la que ambos trabajan. En la embarcación llevaban no solo sus bienes y toda su ropa sino también la nostalgia de lo dejado y la expectativa de lo venidero. Paola vería a su hermano y a su hermana que viven en Manaos, tiene 20 años de no verlos… y estarían en el puerto esperándolos con los brazos abiertos.

muchas horas en las hamacas

muchas horas en las hamacas

El Sargento como le decíamos todos, un hombre extrovertido y alegre que es policía militar desde hace 20 años, decidió viajar en el barco para conectarse con las realidades de las personas y familias necesitadas. Su estresante trabajo de policía y su matrimonio roto lo llevó a la depresión y a la incapacidad temporal, está levantando de nuevo su vida para poder continuarla a sus 42 años de edad. Esta viajando de vuelta a Manaos para reincorporarse a su trabajo y esperar pensionarse en pocos años.

Todas estas historias y otras más se comparten, se sufren y se viven en el barco… son tantas horas juntos que las murallas individuales se abren y permiten adentrarse en la vida de los demás.

embarcaciones de gran calado cruzando el Amazonas
embarcaciones de gran calado cruzando el Amazonas

la vida en una canoa
la vida en una canoa

la vida en un barco
la vida en un barco

El Río Amazonas es como una enorme carretera de agua, es el único medio de comunicarse entre pueblos y caseríos; sus aguas a veces turbias y a veces diáfanas son cursadas por pequeñas embarcaciones movidas a remo o a motor, también son el medio para embarcaciones de gran calado que llevan de todo tipo de bienes hacia el Atlántico o hacia el interior amazónico. Un tráfico intenso que no distingue entre día y noche; son 24 horas de navegación constante… de vez en cuando un puerto lo aproxima a tierra firme, pero otros pasan días enteros sin acercarse a la orilla.

La paciencia, la tolerancia, el autocontrol y la madurez emocional son recursos muy valiosos y sumamente necesarios para convivir en una embarcación con tantas personas, tantos niños, tantas formas de vida y costumbres tan disímiles unas de otras. Madres y padres que no atienden a sus pequeños y estos corren a la libre por toda la borda sin que conozcan ni valoren el peligro de caer al agua.  Gente que acostumbra botar basura al suelo o al río, familias que se acomodan entre ropas tiradas al suelo, entre ollas sucias y cajas vacías. Servicios sanitarios mal lavados o saturados… hamacas hacinadas y espacios atiborrados. Fueron 8 días de viaje, 8 días de largas conversaciones y horas de introspección, 8 amaneceres y 8 atardeceres; 192 horas mirando el río desde la borda. De día el barco cobraba vida gracias al bullicio de la gente, por la noche el frío nos abrazaba y el motor de Nelio Correa nos arrullaba… un avance lento y paulatino de 1680 kilómetros para llegar a puerto firme: MANAOS el corazón del Estado Amazónico…

atardecer en el Amazonas
atardecer en el Amazonas

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~ por suramericaencleta en 5 octubre 2010.

5 comentarios to “EL AMAZONAS DESDE LA BORDA”

  1. Hola chicos!!! Excelentes fotos al igual que los comentarios!! Pasar tantas horas en esas hamacas debe ser un poquito cansado, pero la experiencia lo vale!

    Un gran abrazo y recuerden que los esperamos!

    Muchas bendiciones!

    Pablo, Jonathan y Kattya

  2. Mis frates del alma! No hay una nueva historia de ustedes en la página que me deje de impactar hasta las entrañas y emociones más profundas. Esta no ha sido la excepción, ver las canoas de esas personas a la espera de algo para llevar a la casa, aún con los peligros que corren al subir en todo tipo de barcos… Ese PULMON del mundo peligrando gracias al ETERNO daño que hacemos los humanos a nuestro planeta, con esa ignorancia de los seres pensantes que nos estamos quedando sin esta naturaleza que nos permite vivir… Familias enteras que viajan buscando nuevos horizontes, dejando historias de vida atrás… Esta vez, tuve una entrada de ustedes directa al corazón. Gracias por las fotos y la historia que me muestra una realidad que pocos conocemos.
    Los extrañamos mucho, ya los queremos en casa, pero hasta uds. pagan un precio para que otros que estamos “muertos en nuestras oficinas y vidas”, cobremos conciencia de una realidad mundial.
    DEBEMOS PONER NUESTRO GRANITO DE ARENA EN LA AYUDA POR EL MUNDO!!!
    Los amo muchísimo. La sore!

  3. un saludo enorme al centro de la Amazonia desde el Parque Nacional Mabel´s House, saludos a la gente del norte desde el Sur del continente y por supuesto para uds dos bella gente elpisu

  4. Queridos Lau y Wag: Sentada comodamente en mi escritorio leyendo estas letras no pude dejar de sentir un profundo dolor. Dolor x esas mujeres de hogar tratando de llevar algo de alimento a sus hijos, dolor x esos niños tratando de sobrevivir en un mundo ya difícil p ellos, dolor de saber q muchos de ellos no volverán a sus hogares, dolor x lo q el ser humano le hace al planeta. No es sino a través del lente fotográfico de Wag y las letras de Lau q nos muestran una realidad que ya sabemos pero q pocos vemos y no me queda más que ver mi realidad…soy afortunada!!!♥♥♥

  5. 8 dias de viaje en barco por un rio? son demasiados dias no puedo tener la mas minima idea de la majestuosidad del Amazonas. Esto es como un bono adicional a para la peladeada que estan haciendo: experiencia inolvidable y alivio de piernas. Sigan hasta aqui gente, que les estamos esperando… suerte!

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